domingo, 13 de enero de 2013
¿VIVIMOS EN UN NUEVO OSCURANTISMO?
La negación del conocimiento comprobable y sistemático como medio para entender el mundo interno y externo representa un gran riesgo para el tan prometido progreso de la humanidad. Los hombres y mujeres que han nacido y vivido desde el último cuarto del siglo XX nos hemos enfrentado a los desencantos del nuevo milenio y esto ha conducido a grupos enteros a refugiarse en promesas no menos vanas al abrigo de nuevas religiones y rituales que no pueden sino llamarse pseudo-científicos.
La astrología, madre de la Astronomía moderna, ha retomado fuerza como apoyo en la vida de un gran número de personas. Lo mismo sucede con la cartomancia y las ofrendas a entidades nacidas de la fantasía, tales como elfos, ángeles y duendes. Una fuerte necesidad de creer (ciegamente) en algo o en alguien colma los templos de dianética y cienciología, así como el auge de guías espirituales que se revelan como lo que realmente son: seres ambiciosos ávidos de dinero.
Durante los siglos posteriores a la caída del Imperio Romano, el poder político y religioso estuvo siendo peleado por distintos grupos, quienes a su vez llenaron al ser humano de ese entonces de miedo al castigo. Esos fueron los días de mayor esplendor de la iglesia católica como núcleo de poder y dominación, pues el papado estaba respaldado por potencias militares y económicas que mantuvieron el status quo por medio de una doctrina de miedo. La enseñanza de una doctrina y la administración de los sacramentos se convirtieron en pretexto para sojuzgar pueblos enteros, pues baste recordar cómo en un periodo relativamente corto de tiempo, naciones católicas como España, conquistaron a los imperios mexica e inca, entre otros. Cabe mencionar que desde esos días los conceptos de pecado, herejía y blasfemia tienen un sentido y un efecto especial en la enseñanza de los dogmas de fe.
España fue incapaz de crecer económica y tecnológicamente a la par de naciones como Inglaterra y Francia en las cuales el control religioso fue perdiendo terreno.
Esto ocurría hace siglos y sigue ocurriendo. Ya no hay un poder papal absoluto, ni tribunales del santo Oficio, hemos dejado atrás las persecuciones religiosas patrocinadas por el estado... creo que tenemos algunas ventajas, pero lamentablemente los individuos se sienten cada vez más aislados y desamparados. La falta de esperanza y de iniciativa conduce a las personas a buscar consuelo en quien les ofrezca más por el menor esfuerzo.
¿Quién diría que algún día conoceríamos la causa de muchas enfermedades? ¿Quién habría pensado en mecanismos de desagüe que evitaran inundaciones como las que se sufrían en la Media Luna durante los días del Diluvio?... Vivimos en una era de grandes beneficios y mejoras tecnológicas. El número de personas que se dedican a la Ciencia en el presente supera por mucho a quienes lo hicieron en décadas y siglos anteriores, y aún así la gente sigue acudiendo en masa a visitar a brujos y hechiceras para que le quiten su mala suerte. Esto representa un fracaso para la ciencia y peor aún para la humanidad.
Personas como Isaac Newton, Galileo Galilei, Madame Curie y Luis Pasteur dedicaron sus vidas a resolver enigmas que atemorizaban a la gente. Yo no puedo imaginar a los hombres y mujeres de ciencia sino como auténticos héroes que buscaban el bien común. Independientemente de sus rasgos de personalidad particulares, ellos debieron pensar en la ciencia como una actividad noble.
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