domingo, 29 de julio de 2018

Difamando a los héroes nacionales (México, ¿dónde más?)


Con respecto a las fiestas patrias y (ya tan cercanas en tierra mexica) los héroes nacionales, lo que les dicen en la escuela y de lo que atiborran en TV y muchas revistas, tengo dos o tres cosillas que decir.

Primero, no sé quién se ha esmerado mucho en desprestigiar a personajes como Hidalgo y los Niños Héroes, como si hubieran sido sólo fulanos comunes y corrientes llenos de defectos o inventos de la ficción, mientras que a otros los dejan intocables (Obregón, Díaz Ordaz, Calles).

La nueva imagen del Padre de la Patria, es de un viejillo loco con delirios de grandeza, promiscuo y sin vocación religiosa, que por accidente se encuentra a la cabeza de un montón de indios zarrapastrosos mata-gachupines. Hilarante. Si bien es cierto que no era un genio militar, tampoco un estadista (a diferencia de Morelos), que tampoco buscaba la Independencia de la Corona Española, sino sólo de los virreyes, además que tuvo sus quereres, es ridículamente falsa la imagen que venden el las telenovelas o la revista Quo: fue un líder nato, consciente de su propia responsabilidad histórica como caudillo militar, católico practicante y defensor de los desposeídos.
El cura Hidalgo, en un mural de Diego Rivera


Los cadetes y jóvenes oficiales del Castillo de Chapultepec son de lo más controversiales: que si no fueron 6; que si eran unos adultos (ninguno era niño), holgazanes (hasta dicen que los mataron dormidos); que qué ridículo sería aventarse envuelto o enredado en la bandera y mil mamadas más. No sé si fueron 6, menos o más, pero teniendo en cuenta que desde semanas atrás había un ejército invasor asediando los fuertes desde Veracruz hasta la capital del país, difícilmente se esperaría que hubiera habido soldados u oficiales con experiencia en la escuela de cadetes, así que lógicamente uno se espera que solamente los más jóvenes se hayan quedado de guardia en el Castillo. Se dice que quien les llamó "niños" fue un oficial de los EEUU, quien al ver sus cadáveres, exclamó precisamente eso, son sólo niños, dado que la mayoría no rebasaban los 20 años de edad (los modernos mexicanos que a los 30 años siguen viviendo con sus papás no me pueden salir con la jalada de que tienen derecho a opinar al respecto). Ningún ejército del mundo puede conservar su honra si el enemigo captura su bandera. Si el soldado o cadete que prefirió arriar la Enseña Nacional y morir con ella antes de ser capturado se llamaba Agustín Melgar, Juan Escutia o de algún otro modo, es ultrajante que siga habiendo dudas o burlas sobre su valor y coraje. Negar su existencia es aún peor.
Portada de los muchos videos en YouTube donde lejos de aclarar, difaman


Ahora que los mexicanos de pose (léase los que solamente en el estadio o frente al televisor sienten orgullo por los tres colores de la bandera), jamás van a cuestionar por qué un genocida cuya única gracia fue ser balaceado desarmado mientras hacía campaña electoral honra a la delegación San Angel con su nombre y a la ciudad de su natal Sonora. Me refiero al Gral. Álvaro Obregón, porque presidentes genocidas hemos tenido varios. No hace falta citar a Hitler, Mussolini o Pinochet para dar ejemplos de dictadores responsables del asesinato de miles de personas por motivos de raza, sexo o ideología. Díaz Ordaz, Echeverría y el mismo Porfirio Díaz tienen una deuda pendiente con los libros de historia.
Díaz rodeado de sus allegados... Curiosamente por ahí hay uno que se parece mucho a Obregón


Aprovecho para despotricar contra Obregón: fue un general que siempre buscó su propia conveniniencia. Al lado de Porfirio Díaz ejecutó las órdenes por él instruidas. Luego de la caída de Díaz, parece haber adoptado el maderismo, para después enrolarse como constitucionalista, pero las fotos de la época muestran una mirada ladina y poco digna de confianza. Pero lo que más me causa desagrado, fue su continua campaña de exterminio contra los yaquis de Sonora, deseando quitarles sus tierras. Desde los periodos de Díaz hasta su mandato, peleó contra ellos y aplicó la política de deportaciones. La ciudad que hoy lleva su nombre, guarda el recuerdo de su acérrimo rival: la calle principal lleva el nombre del indio yaqui contra quien peleó, gracias a la gente, no a él. Esto es lo que hace un dictador genocida. Finalmente, el monumento erigido en su memoria en San Angel (lugar donde lo asesinaron), tiene las marcas de impactos de bala, pues de verdad, cuenta todavía con muchos detractores, y no olvidemos que fue sucedido por Plutarco Elías Calles, otro de los odiados presidentes postrevolucionarios, padre del PRI.
Obregón, de cerquita


Así que si no quieres ser un mexicanote de pacotilla, infórmate y conoce un poco la historia de tu pais lo más lejos de la SEP y de Televisa que puedas.

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