Este desastrado hecho provoca las más diversas reacciones entre la gente: por un lado los arqueólogos sienten una gran preocupación y están indignados, como es de esperarse, pero el público que ha conocido la noticia ha respondido de maneras realmente sorprendentes. Baste leer los comentarios al final de la nota que presenta el diario The Guardian, entre los cuales hay gente que sencillamente acepta la destrucción como pago al progreso que prometen las obras civiles o una discusión sobre si el valor de ruinas antiguas interesa solamente a los académicos o al resto de la gente.Aunque lo que The Guardian revela en su nota es alarmante, México es campeón en la destrucción de zonas arqueológicas, ya sea por ignorancia, negligencia o ambición comercial. Un reporte completo lo presentó Omar Granados en Animal Político (abajo el link), sobre las protestas de los académicos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) frente a los actos de corrupción Tristemente, al menos en el caso mexicano, todo esto tuvo un antecedente cuando la ciudadanía permitió la construcción de un centro comercial de la cadena Walmart en la zona arqueológica de Teotihuacán o la construcción del centro Telmex y el edificio de Elektra en las inmediaciones de la pirámide de Cuicuilco al sur del DF. La gran mayoría de gente permaneció indiferente ante las consecuencias de estos hechos, gracias a la nada tendenciosa línea editorial de las televisoras mexicanas.
¿Por qué debe importarnos este tipo de acontecimientos? Una de las razones es porque la evidencia arqueológica forma parte de la herencia cultural que sobrevive de civilizaciones que ocuparon los territorios que reconocemos como nuestra nación. Cada uno de los sitios arqueológicos aporta datos insustituibles sobre la forma de vida y pensamiento de las culturas ancestrales. No es casualidad que la maya sea considerada una de las grandes civilizaciones que han pisado este planeta y seguramente todavía podemos aprender de ellos.
Aceptar con indiferencia este tipo de hechos sólo puede ser interpretado como una forma de desarraigo, de pérdida del sentido y en resumen, ignorancia. La derrama económica que proporciona un sitio arqueológico bien cuidado debiera ser valorado por los gobiernos, y como tal, las leyes deben ser más estrictas en cuanto a la protección del patrimonio cultural.
Es vergonzoso no hacer nada al respecto... ni siquiera indignarse.
http://www.guardian.co.uk/world/2013/may/14/mayan-pyramid-bulldozed-road-construction?CMP=twt_fd
http://www.animalpolitico.com/2012/08/docentes-del-inah-denuncian-a-su-director-por-danos-al-patrimonio-historico/#axzz2TtFnpMvz