Hace unos días, distintos activistas ambientales, encabezados por Greta Thunberg (@GretaThunberg), convocaron a realizar distintas manifestaciones para exigir a los gobiernos acciones concretas contra la emergencia climática. A mi parecer, para que las protestas no se conviertan en tendencia inútil, en lo que a resultados se refiere, vale la pena analizar cuáles son las acciones que corresponden al ciudadano común, y cuáles a los gobiernos y por consiguiente también a las grandes corporaciones.
Empecemos por las Tres R: reducir, reusar, reciclar.
Reducir es la más importante de todas y corresponde al ciudadano. Consiste en quemar menos combustibles fósiles; comprar menos artículos y con menos envolturas; dejar de desperdiciar alimentos; disminuir el consumo de carne; etc.
Reusar también corresponde al ciudadano. Dar nuevo uso a la botella de plástico, usar la ropa y el calzado todo el tiempo que esté en buenas condiciones, convertir la caja del empaque en un contenedor.
Reciclar significa procesar los materiales de los cuales está hecho un objeto y utilizarlos en otro. No es colectar basura y hacerlo una "obra de arte", sino recuperar la parte utilizable y aprovecharlo como materia prima. Esto solamente lo pueden hacer técnicos especializados, en instalaciones adecuadas. Es un nicho para empresas que quieran comprometerse. Es deber de los gobiernos estimular el reciclado a través de otorgar permisos a empresas certificadas. La basura electrónica derivada de componentes electrónicos es cada vez más problemática.
Los ciudadanos deben contribuír en lo posible a estas acciones y una manera eficaz de lograrlo es mediante la separación de residuos sólidos. Otra acción concreta (o mejor dicho, no-acción) es renunciar al consumismo y comprar solamente lo necesario.
Los gobiernos deben mantener una regulación clara en materia ambiental, regular la actividad de las empresas, sancionar a empresas y entidades que provoquen daños al ambiente natural. Los gobiernos locales deben ofrecer transporte público de buena calidad y fomentar la investigación y desarrollo de tecnologías más limpias y menos contaminantes. Los gobiernos deben asegurar prácticas transparentes para otorgar permisos de construcción, en especial de obras con impacto ambiental considerable.
Los gobiernos también deben asegurar que los proyectos de infraestructura cuenten con la asesoría y aval de los especialistas que egresan cada año de las universidades e instituciones de educación superior. Por ejemplo, para estimular la producción agropecuaria, fomentar que todos los productores cuenten con un equipo de profesionistas en agronomía, veterinaria y biología.
Asegurar la alimentación es clave, y para ello diversas instituciones desarrollan avances tecnológicos orientados a mejorar la productividad y reducir el impacto ambiental. Es deseable que las plantas que se cultiven requieran menos agua, menos fertilizantes y una cantidad mínima de pesticidas. La biotecnología ofrece estas soluciones, pero el rechazo sin sustento científico de grupos ambientalistas retrasa la implementación de las medidas necesarias.
Por tanto, los ciudadanos también tienen como su deber informarse. Es el gobierno el que ofrece educación, pero la gente también tiene que tomarse en serio la educación y no verla como un simple requisito.
