lunes, 21 de agosto de 2023

Depresión y literatura (un comentario)

Mal hábito mío tal vez sea leer mientras escucho audios. Crecí oyendo la radio, hasta que me fastidié de los spots de propaganda política y ahora Spotify es mejor compañía. 

Una afortunada coincidencia me llevó de nuevo a un episodio de Letras para la cabeza, un podcast sobre referencias en la literatura a enfermedades neurológicas, mientras desempolvaba mis libros de mitología griega. El episodio en particular "Depresión y Literatura" resonó en mí mucho más que otros, pues varios de mis autores favoritos sufrieron depresión, sin que el padecimiento sea una causa de la creatividad. 

Concuerdo que nadie que cayera en la triple combinación de apatía, tristeza y anhedonia se sienta más creativo en ese estado. Pero si algo dejan ver la mayoría de versos de Alejandra Pizarnik o  muchas frases de Ernest Hemingway, es el peso sobrecogedor de la tristeza. Dijo el filólogo mexicano Ángel Ma. Garibay: ¨los poetas, cuando lo son de veras, no suelen ser felices". Elijo algo de Hemingway que delata uno de los síntomas más reconocibles de la depresión:

"Me encanta dormir. Mi vida tiene la tendencia a derrumbarse cuando estoy despierto, ¿sabes?"

¿Es entonces la depresión detonador o requisito de la creatividad? En el podcast nos dejan claro que no es así. Pero bien puedo decir que la tristeza es uno de los temas más recurrentes en el arte, sea poesía, música o pintura. Bien famosas son las coloridas pinturas de Van Gogh, quien en su genialidad vivió atrapado por la falta de reconocimiento al valor de su obra. 

"Anciano apenado / En la puerta de la eternidad" Van Gogh

Así, puedo suponer que una vez superado el momento depresivo (¿o cómo lo debemos llamar?), el artista retoma la experiencia para crear algo alrededor de la tristeza, tal vez como catarsis, quizás como amuleto pidiendo que no regrese. No es el dolor, sino su recuerdo la mecha para dar el estallido creativo.

El desorden depresivo mayor (o melancolía como se le llamaba desde tiempos de Hipócrates) puede terminar en tragedia. Preocupante es saber que entre un 5 y 10% de los varones y del 10 al 25% de las mujeres sufren depresión y peor aún, que de cada 100 muertes, una fue por suicidio en 2019 de acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud

Se nos recomienda amablemente en el podcast buscar ayuda profesional para salir de la depresión y también nos dicen que los medicamentos son cada vez mejores. Puedo decir además que contar con una red de apoyo formada por amigos, amigas y familiares, es invaluable. 

Por último, retomo el fragmento del libro que tenía en mis manos cuando escuchaba el episodio:

"Nada perpetuo hay para el hombre:

 ni la noche de estrellas tachonada,

ni la desgracia, ni la riqueza.

Todo en un soplo de viento se nos huye

y en turno a otros pasan para seguir su marcha alternativa,

sin detenerse nunca" 

Sófocles


domingo, 27 de marzo de 2022

Arrakis

Repasamos algunos datos curiosos sobre la saga de Frank Herbert #Dune, con algunas fuentes y lazos con otras obras.


La ambientación de Dune recuerda a Lawrence of Arabia (LOA), película basada en otro libro monumental cuya trama se centra en la relación con tribus del desierto. 


Filmes como LOA y Dune contagian un amor por el desierto, pero Tuareg (dir. Enzo G. Castellari) lo define como "el paraíso del que Alá quitó todos los excesos".



Sobre el escenario natural, Arabia tenía importancia estratégica para debilitar al Imperio Otomano, para después ser productora del petróleo crudo de mayor calidad (https://nzhistory.govt.nz/war/ottoman-empire/rise-of-arab-nationalism). Por otro lado Arrakis es fuente de la melange, una sustancia que prolonga la vida, es psicoactiva y adictiva. No hay coincidencias en la historia novelada y la ficción.

Hay 3 adaptaciones para pantalla de la obra de Herbert: la de Villeneuve es majestuosa, la miniserie de SciFi Channel cubre buena parte de la obra y la de Lynch fue pieza básica para toda una generación. 

Las tribus árabes o los indios de Aridoamérica que son pueblos endurecidos por rigores del desierto fueron modelo para los fremen en Dune. Los fremen (
https://dune.fandom.com/wiki/Fremen) habitan el desierto profundo de Arrakis en cavernas y optimizan el uso de agua: la racionan y reciclan toda la que pueden. Sus ritos funerarios incluyen destilar el agua del muerto. Los destiltrajes recuperan el agua corporal (del aliento, transpiración, orina y heces) y la recirculan para que los fremen viajen a través del desierto. Que un fremen diga "te sudan las manos" es gran insulto porque quien desperdicia su agua en sudor inútil es despreciable. Paul Atreides lloró cuando mató por primera vez y se ganó el respeto fremen pues "dio su agua al muerto".


Herbert fue ambientalista activo y con Dune centró la mirada en un mundo donde los extranjeros pelean por el control de una droga cuando el pueblo local lucha por sobrevivir a la escasez de agua.

La manipulación de masas a través de supersticiones y esperanzas de la gente por la religión es un tema recurrente en toda la obra de Herbert, no sólo en Dune. Esta manipulación pudo convertir a los ya rudos fremen en imbatibles "fedayines" al servicio de Paul. La palabra fedayín es de origen árabe, por quienes Herbert sentía admiración y respeto.

En el futuro de Herbert las computadoras fueron prohibidas y remplazadas por mentats, humanos especialmente entrenados para calcular y aconsejar. En esta adaptación de Dune, el mentat queda con los ojos en blanco cuando hace cálculos (gran acierto del director). 

Además de la gente del desierto, la rata canguro de Arrakis es un personaje central que Villeneuve logró posicionar con dos discretas escenas (
https://dune.fandom.com/es/wiki/Muad%27dib). A eso llamo fanservice.

The spice must flow

viernes, 10 de abril de 2020

EL FIN DEL MUNDO DESPUÉS DE LA GLOBALIZACIÓN


Tenía 11 años cuando me regalaron mi Biblia. En ese entonces lo único que me interesaba era leer el Apocalipsis. Así como yo, miles de adolescentes nos acercamos morbosamente a atisbar el Día del Juicio Final.
Poco después de leer muy confundido las alegorías sobre el final de la humanidad, encontré en el mismo libro no una, sino varias referencias sobre la destrucción del mundo en el pasado. El Diluvio Universal, Sodoma y Gomorra daban muestra del poder destructor del dios vengativo.
Sabemos que no solamente los antiguos judíos tienen relatos catastrofistas de la desaparición de pueblos enteros. Los Diálogos de Platón son el vehículo a través del cual nos han llegado narraciones de lugares fantásticos como el Inframundo, El Templo del Mar y el más famoso de todos: la Atlántida.

La descripción del continente perdido es otra de las referencias que tenemos del fin de una civilización muy avanzada, borrada de la faz de la Tierra pero no de la imaginación popular. El hundimiento de la Atlántida es el más claro ejemplo del fin del mundo.
Obviamente y para desencanto de quienes gozan al ser espectadores de grandes catástrofes en el cine, el mundo no termina reducido a polvo interestelar debido a una gran explosión (tal como ocurre con Kriptón, el planeta imaginario de donde proviene, el también imaginario, Kal-El, alias Superman), sino que dicho mundo es una ciudad inundada, incendiada o derruida por un fenómeno natural.
Dado lo atractivo del tema, durante mucho tiempo, el Apocalipsis ha sido utilizado para dominar por medio del miedo, a una comunidad creciente de creyentes cristianos. Hoy en día ya no tiene tanto impacto como a finales del siglo X, no obstante sigue suscitando expectativas y ganando adeptos dentro de comunidades de fanáticos en varios lugares del mundo. Basta recordar a los seguidores de David Koresh en Waco Texas y cómo se dispararon las ventas de los libros cuyo tema eran las profecías de Nostradamus después de los atentados a las Torres Gemelas.
Por mucho tiempo, la historia de la humanidad nos ha sido enseñada como una línea marcada por sucesos tales como batallas, descubrimientos geográficos e inventos científicos. Dicho concepto de “historia de la humanidad” es erróneo por la simple razón que nunca ha existido una sola humanidad, así como tampoco un único origen de la civilización. Más aún, la línea de la historia no es continua, sino que está interrumpida por espacios sobre los cuales carecemos de información. Esos huecos muchas veces representan el fin de ciudades y culturas enteras, lo cual dificulta nuestro entendimiento del desarrollo de las civilizaciones.
Las leyendas como la de la Atlántida o el ocaso del Imperio Maya, nos hablan de cómo en ocasiones fenómenos fortuitos destruyen todo lo que generaciones habían construido; o lo que es lo mismo, cómo acaban grandes civilizaciones.
Investigaciones arqueológicas prueban que sí hubo un Diluvio y que los sobrevivientes que se contaron como únicos, lo consideraron Universal.
El desbordamiento de ríos causado por lluvias intensas, sigue borrando del mapa ciudades enteras y dejando miles de damnificados y muertos.
El tsunami que transformó Banda Aceh en Indonesia en el 2004, pone de nuevo en evidencia la capacidad de la naturaleza para poner fin a una sociedad.
Ahora bien, la relación entre los desastres contemporáneos con lo que escritores antiguos narraban tiene importantes similitudes y diferencias. Una civilización y todos sus logros pueden ser destruidos por la naturaleza en cuestión de minutos y los supervivientes recordarán ese día como aquél en que el mundo llegó a su fin. Pero ¿qué tal si no hay supervivientes? en ese caso, nadie podrá contarnos lo que sucedió allí. Más aún, ¿qué tal si este desastre se extendiera sobre una región muy amplia y muy apartada del resto de las ciudades? en este caso no habría huella alguna de que esa civilización existió.
La interpretación que podemos dar a la narración platónica del fin de la Atlántida es que dicho continente, no era sino una región muy remota a la Grecia antigua y que sus sobrevivientes, si es que los hubo, fueron muy pocos. No han sido encontrados vestigios que permitan afirmar si la Atlántida realmente existió porque simplemente, no sabemos dónde buscar.
El caso del Diluvio bíblico, es más fácil de ubicar e incluso datar. La Epopeya de Gilgamesh consta de varias narraciones, entre las cuales se encuentra la del anciano Utanapishtim, quien gracias a su compasión sobrevivió a la gran inundación que destruyó las ciudades de lo que conocemos como una región dentro del actual Irak. La epopeya seguramente sirvió de base para que otro pueblo, el judío, la asimilara y contara de forma ligeramente distinta.
Es pues de muchas formas en que el mundo ha sido destruido una y otra vez por la ira de los dioses y por mano de las fuerzas naturales.
Y luego, en nuestro mundo globalizado, ¿podemos esperar el fin del mundo? Como tal, es muy probable que las consecuencias del cambio climático afecten a numerosas regiones en distintos puntos del planeta, lo cual en cierta forma es inevitable. Pintando un panorama atractivo para los directores de Hollywood apocalípticos, algunos de estos lugares sufrirán (sufren) por el hambre, otros por las enfermedades infecciosas y muchos más por la guerra. Los Jinetes del Apocalipsis cabalgan entre nosotros.
Pero no es así como se destruye una civilización. En el pasado, el aislamiento del Imperio Maya (si es que alguna vez existió tal imperio) ha convertido en irreversible la pérdida de la ciencia de la gran civilización maya, pues aún habiendo sobrevivientes, ya no están en condiciones de explicarnos el significado de los glifos que aparecen en las estelas o su conocimiento astronómico. La llegada de los conquistadores españoles y el fanatismo de los evangelizadores dejaron tantos huecos en nuestro conocimiento, que la historia de los pueblos centroamericanos antiguos y qué fue lo que condujo al abandono de sus ciudades, seguirá siendo un misterio.
Las civilizaciones actuales cada vez se diferencian menos de otras. Es uno de los efectos predichos para la globalización. El intercambio económico y la imposición cultural de Occidente, favorecido por las tecnologías de información en auge, convierten a los desastres naturales, en simples estadísticas más, que afectan los índices de las bolsas de valores, pero que de ninguna manera representan el fin de una civilización.
Lo que estamos viviendo, y no a consecuencia de fenómenos naturales, es el fin de culturas enteras que caen en el olvido, porque no siguen el patrón dominante del modelo económico estadounidense.
Ahora sí, los fanáticos del Apocalipsis se sentirán satisfechos, pues aunque el mundo no arde en llamas y los ángeles vengadores no arrastran a los pecadores al Fuego Eterno, su dios, el poder económico, está acabando con los infieles.
BIBLIOGRAFÍA
Asimov, I., El medio oriente, Colección de Historia Universal Biblioteca Isaac Asimov, Alianza Editorial. (1990)
Platón, Diálogos, Porrúa, México.
Gilgamesh o la angustia por la muerte (poema babilonio). 4ª ed., El Colegio de México, 2004, México.
La Sagrada Biblia, 8ª ed., Ediciones Paulinas, 1980, México



domingo, 22 de septiembre de 2019

Contra la emergencia climática

Hace unos días, distintos activistas ambientales, encabezados por Greta Thunberg (@GretaThunberg), convocaron a realizar distintas manifestaciones para exigir a los gobiernos acciones concretas contra la emergencia climática. A mi parecer, para que las protestas no se conviertan en tendencia inútil, en lo que a resultados se refiere, vale la pena analizar cuáles son las acciones que corresponden al ciudadano común, y cuáles a los gobiernos y por consiguiente también a las grandes corporaciones.

Empecemos por las Tres R: reducir, reusar, reciclar.

Reducir es la más importante de todas y corresponde al ciudadano. Consiste en quemar menos combustibles fósiles; comprar menos artículos y con menos envolturas; dejar de desperdiciar alimentos; disminuir el consumo de carne; etc.

Reusar también corresponde al ciudadano. Dar nuevo uso a la botella de plástico, usar la ropa y el calzado todo el tiempo que esté en buenas condiciones, convertir la caja del empaque en un contenedor.

Reciclar significa procesar los materiales de los cuales está hecho un objeto y utilizarlos en otro. No es colectar basura y hacerlo una "obra de arte", sino recuperar la parte utilizable y aprovecharlo como materia prima. Esto solamente lo pueden hacer técnicos especializados, en instalaciones adecuadas. Es un nicho para empresas que quieran comprometerse. Es deber de los gobiernos estimular el reciclado a través de otorgar permisos a empresas certificadas. La basura electrónica derivada de componentes electrónicos es cada vez más problemática.

Los ciudadanos deben contribuír en lo posible a estas acciones y una manera eficaz de lograrlo es mediante la separación de residuos sólidos. Otra acción concreta (o mejor dicho, no-acción) es renunciar al consumismo y comprar solamente lo necesario.

Los gobiernos deben mantener una regulación clara en materia ambiental, regular la actividad de las empresas, sancionar a empresas y entidades que provoquen daños al ambiente natural. Los gobiernos locales deben ofrecer transporte público de buena calidad y fomentar la investigación y desarrollo de tecnologías más limpias y menos contaminantes. Los gobiernos deben asegurar prácticas transparentes para otorgar permisos de construcción, en especial de obras con impacto ambiental considerable.

Los gobiernos también deben asegurar que los proyectos de infraestructura cuenten con la asesoría y aval de los especialistas que egresan cada año de las universidades e instituciones de educación superior. Por ejemplo, para estimular la producción agropecuaria, fomentar que todos los productores cuenten con un equipo de profesionistas en agronomía, veterinaria y biología.

Asegurar la alimentación es clave, y para ello diversas instituciones desarrollan avances tecnológicos orientados a mejorar la productividad y reducir el impacto ambiental. Es deseable que las plantas que se cultiven requieran menos agua, menos fertilizantes y una cantidad mínima de pesticidas. La biotecnología ofrece estas soluciones, pero el rechazo sin sustento científico de grupos ambientalistas retrasa la implementación de las medidas necesarias.
Por tanto, los ciudadanos también tienen como su deber informarse. Es el gobierno el que ofrece educación, pero la gente también tiene que tomarse en serio la educación y no verla como un simple requisito.

lunes, 10 de septiembre de 2018

El perdón de Margarita


Entre las obras clásicas, el mito del Doctor Fausto goza de una merecida fama, ya que contiene dentro de una mezcla de elementos fantásticos, alegorías y enseñanzas sobre la naturaleza humana, en su visión ante la muerte y la trascendencia de nuestros actos y decisiones.

Brevemente, el mito original parece tener muchas versiones. En la obra de Goethe, Fausto es un hombre relativamente joven pero orgulloso hasta la soberbia debida a sus amplios conocimientos, en especial en ciencias ocultas. Con tan grande acervo intelectual, el maestro de la tentación busca negociar el alma de Fausto, a cambio de lo que le pida. Interesante la manera en que este demonio se presenta, pues dice que su nombre carece de importancia y aún así se hace llamar Mefistófeles. Fausto rechaza la oferta al principio, pero termina por aceptar a cambio de "tener el momento perfecto". Mefistófeles accede, seguro de ganar en poco tiempo el alma inmortal del sabio entre los hombres.

A partir de este pacto, Mefistófeles guía a Fausto a través de un viaje desenfrenado lleno de visiones, sorpresas y excesos. El colorido aquelarre con que empieza su camino descenso moral sirvió de modelo para muchos. En mi opinión, solamente el aquelarre de El pescador y su alma de Oscar Wilde logra empatar, cuando menos en su tono carnavalesco.

Pero el viaje, como es de esperar para una obra todavía sometida a la vigilancia de un cristianismo celoso de mensajes equívocos, nos revela que nada satisface a Fausto. El joven doctor anhela una y otra vez a la joven Margarita, su amor perdido. En la búsqueda del placer, Fausto pide a la mujer más hermosa de la historia y conoce a Helena de Troya. Pero ni la divina visión de la mítica reina, apacigua su melancolía.

Goethe narra que al final Mefistófeles exige a Fausto el pago de su deuda, luego que probó sin mesura cada manjar. Fausto renuente tiene que aceptar, pero en el último momento aparece Margarita envuelta en luz divina y aboga por el alma de Fausto. La defensa que presenta Margarita argumenta que el diablo jamás cumplió con lo pactado, ya que el único momento perfecto que Fausto podría tener es al lado su amor verdadero, es decir con ella. Gracias a esto, Fausto es conducido al Paraíso por Margarita. Este final, digno de los devocionarios cristianos, deja en ridículo al diablo.

La versión del mito de Fausto de Cristopher Marlowe escrita 200 años antes parece menos conocida. En ésta Fausto tiene que pagar por sus pecados y termina siendo escoltado por diablos para cumplir su condena. La vida de Fausto resultó imperdonable y nunca hubo un camino de redención por parte del doctor.

En la obra de Marlowe hay un contraste entre lo jovial en los excesos de Fausto y su oscuro final, Goethe trata de convencernos de que hay oportunidad de redención, aunque esta sea involuntaria. En resumen, mientras que Marlowe presenta una visión más oscura y trágica del mito de Fausto, enfocándose en la responsabilidad personal y la condena, Goethe ofrece una interpretación más optimista y multifacética, explorando la posibilidad de redención y la complejidad de la experiencia humana. Ambas versiones son fundamentales para entender la evolución del mito de Fausto en la literatura y reflejan las preocupaciones y estilos de sus respectivas épocas.


Pero, al final de todo, ¿cuál es la enseñanza más valiosa?

Ya no estamos en tiempos para creer que un señor elegante llegue a nuestra puerta para comprar el alma. El ser humano vive entre toda una gama de claroscuros, movido por las pasiones y las virtudes. En ocasiones hará lo que es más fácil o conveniente, y en otras hará lo correcto. Ello depende de ejercer su libre albedrío y cuando no hace lo correcto, simplemente cede a las facilidades del mundo que lo rodea. Al final de su vida, si vivió esclavo de sus pasiones, sin considerar a los demás llevará esa carga y las recriminaciones de quienes lo rodean.

El mito de Fausto nos lleva más allá: no solamente se trata del libre albedrío del protagonista, quien decide aceptar el camino fácil y placentero, sino que en la versión de Goethe, es Margarita el personaje más importante, ya que es ella quien decide interceder y salvar a Fausto. Si ella considera que las decisiones de su enamorado se deben perdonar, es ella quien lo libera de una parte del castigo, pero nada nos asegura que el protagonista no sufrirá la agonía de la culpa, aún en el más brillante de los cielos.

Para cerrar, ¿qué habría hecho usted en el lugar de Margarita?