Brevemente, el mito original parece tener muchas versiones. En la obra de Goethe, Fausto es un hombre relativamente joven pero orgulloso hasta la soberbia debida a sus amplios conocimientos, en especial en ciencias ocultas. Con tan grande acervo intelectual, el maestro de la tentación busca negociar el alma de Fausto, a cambio de lo que le pida. Interesante la manera en que este demonio se presenta, pues dice que su nombre carece de importancia y aún así se hace llamar Mefistófeles. Fausto rechaza la oferta al principio, pero termina por aceptar a cambio de "tener el momento perfecto". Mefistófeles accede, seguro de ganar en poco tiempo el alma inmortal del sabio entre los hombres.
A partir de este pacto, Mefistófeles guía a Fausto a través de un viaje desenfrenado lleno de visiones, sorpresas y excesos. El colorido aquelarre con que empieza su camino descenso moral sirvió de modelo para muchos. En mi opinión, solamente el aquelarre de El pescador y su alma de Oscar Wilde logra empatar, cuando menos en su tono carnavalesco.
Pero el viaje, como es de esperar para una obra todavía sometida a la vigilancia de un cristianismo celoso de mensajes equívocos, nos revela que nada satisface a Fausto. El joven doctor anhela una y otra vez a la joven Margarita, su amor perdido. En la búsqueda del placer, Fausto pide a la mujer más hermosa de la historia y conoce a Helena de Troya. Pero ni la divina visión de la mítica reina, apacigua su melancolía.
Goethe narra que al final Mefistófeles exige a Fausto el pago de su deuda, luego que probó sin mesura cada manjar. Fausto renuente tiene que aceptar, pero en el último momento aparece Margarita envuelta en luz divina y aboga por el alma de Fausto. La defensa que presenta Margarita argumenta que el diablo jamás cumplió con lo pactado, ya que el único momento perfecto que Fausto podría tener es al lado su amor verdadero, es decir con ella. Gracias a esto, Fausto es conducido al Paraíso por Margarita. Este final, digno de los devocionarios cristianos, deja en ridículo al diablo.
La versión del mito de Fausto de Cristopher Marlowe escrita 200 años antes parece menos conocida. En ésta Fausto tiene que pagar por sus pecados y termina siendo escoltado por diablos para cumplir su condena. La vida de Fausto resultó imperdonable y nunca hubo un camino de redención por parte del doctor.
En la obra de Marlowe hay un contraste entre lo jovial en los excesos de Fausto y su oscuro final, Goethe trata de convencernos de que hay oportunidad de redención, aunque esta sea involuntaria. En resumen, mientras que Marlowe presenta una visión más oscura y trágica del mito de Fausto, enfocándose en la responsabilidad personal y la condena, Goethe ofrece una interpretación más optimista y multifacética, explorando la posibilidad de redención y la complejidad de la experiencia humana. Ambas versiones son fundamentales para entender la evolución del mito de Fausto en la literatura y reflejan las preocupaciones y estilos de sus respectivas épocas.
Pero, al final de todo, ¿cuál es la enseñanza más valiosa?
Ya no estamos en tiempos para creer que un señor elegante llegue a nuestra puerta para comprar el alma. El ser humano vive entre toda una gama de claroscuros, movido por las pasiones y las virtudes. En ocasiones hará lo que es más fácil o conveniente, y en otras hará lo correcto. Ello depende de ejercer su libre albedrío y cuando no hace lo correcto, simplemente cede a las facilidades del mundo que lo rodea. Al final de su vida, si vivió esclavo de sus pasiones, sin considerar a los demás llevará esa carga y las recriminaciones de quienes lo rodean.
El mito de Fausto nos lleva más allá: no solamente se trata del libre albedrío del protagonista, quien decide aceptar el camino fácil y placentero, sino que en la versión de Goethe, es Margarita el personaje más importante, ya que es ella quien decide interceder y salvar a Fausto. Si ella considera que las decisiones de su enamorado se deben perdonar, es ella quien lo libera de una parte del castigo, pero nada nos asegura que el protagonista no sufrirá la agonía de la culpa, aún en el más brillante de los cielos.
Para cerrar, ¿qué habría hecho usted en el lugar de Margarita?

